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El devorador de cadáveres: la leyenda del Jikininki

mayo 4, 2022

En la cultura popular se pueden encontrar diferentes criaturas que habitan las pesadillas de las personas. Zombies, vampiros, hombres lobo y hasta las hadas mismas, todos ellos crean un libro completo de seres que causan terror a aquellos que escuchan de ellos. Sin embargo, debemos saber que alrededor del mundo también existen personajes que fueron creados por distintas sociedades para explicar fenómenos o incluso como leyendas mismas.

Hoy hablaremos de “El Jikininki”, un fantasma devorador de hombres que nació de la mitología japonesa y el budismo. Se trata de un yurei o espectro que en vida llevo una vida insignificante, codiciosa y egoísta, por lo cual son maldecidos al m0rir y condenados a comer restos humanos.

Bajo la luz de la luna y con la protección de la noche, los Jikininki salen para alimentarse. Suelen buscar las ofrendas de los muert0s para comer aquello que les dejan y posteriormente alimentarse de los difunt0s. Incluso se cree que saquean las tumbas para encontrar algo de valor y poder usarlo para algún beneficio posterior.

No se confundan, los Jikininki son conscientes de su estado, se sienten avergonzados de su condición y encuentran muy desagradable el tener que comer carne humana durante las noches.

Estos seres son similares a un c4dáver en descomposición, pero con garras afiladas y ojos brillantes. Los llegan a describir como un ser horrible, una criatura que cuando cualquier mortal la ve, se queda inmovilizado por el miedo. En algunas versiones de la historia se les atribuye la habilidad de cambiar de apariencia, de disfrazarse como seres humanos e incluso de mantener una vida normal a la luz del sol.

Los Jikininki también son considerados una forma de rakshasa o gaki, también conocidos como “fantasmas hambrientos”. En este caso pueden ser liberados de su castigo por medio de ofrendas y oraciones de un hombre santo; portador de un espíritu puro y que no haya deshonrado a la familia.

La leyenda nace de un antiguo cuento japonés que habla de un sacerdote budista Muso Kokushi.

Se cuenta que Muso se encontraba viajando en soledad a raves de las montañas de la prefectura de Mino de Japón cuando perdió el camino. Cuando en anochecer estaba llegando, vio a un viejo Anjitsu, o sacerdote, en la cima de una colina, así que le preguntó al anciano si vivía cerca de ahí y su podía pasar la noche con él. Sin embargo, el Anjitsu rechazó la idea de Muso y groseramente le dijo que no aceptaba a nadie. Posterior a esto lo mando a la aldea que había en el valle, donde seguro lo recibirían.

Perplejo ante las palabras del hombre, Muso hizo caso de ellas y se dirigió a la aldea. Una vez ahí fue recibido con benevolencia por el líder del lugar, además de que le dieron comida y alojamiento.

Cerca de la media noche, cuando Muso dormía, fue despertado por un joven. Este le informó que aquella mañana su padre había muert0 y que se había quedado callado para que Muso no se viera obligado a asistir a la ceremonia fúnebre.

Sin embargo, según la tradición, todos en los habitantes abandonaban la aldea para dejar el cadáver solo durante la noche y se hospedaban en otra aldea cercana; de lo contrario la mala suerte caería sobre el lugar.

Como sacerdote, Muso le dijo al joven que él con gusto cumpliría su deber y realizaría el servicio funerario vigilando el cuerpo durante la noche, además, explicó que no tenia miedo de demonios o los espíritus malignos de los que hablaba el joven.

Cuando el joven y los habitantes se fueron, Muso se arrodillo junto al difunto, preparó las ofrendas y se dispuso a meditar. Sin embargo, en mitad del ritual un ser aterrador y con hocico babeante se acerco al lugar para devorar las ofrendas y el cadáver.

A la mañana siguiente, cuando Muso estaba a punto de irse, le explicó al joven lo que había sucedido, este no se sorprendió. Esto en definitiva sorprendió al sacerdote, sin embargo, no podía irse sin preguntar antes sobre el viejo Anjitsu que había conocido la noche anterior.

Cuando le pregunto al joven, este negó la existencia de alguien viviendo en la montaña, diciendo que hacía años que nadie habitaba el templo de las montañas.

Muso no podía irse antes de confirmar que no estaba loco, por lo que se dirigió al lugar donde había conocido al viejo antes. Para Muso no fue difícil encontrarlo, y cuando el Anjitsu lo vio, esta vez sí lo dejó pasar a su hogar.

Sin embargo, el sacerdote empezó a hablar. Este se disculpaba ante Muso por presentarse a él de manera tan grosera y de posteriormente mostrarse en tan deplorable forma y lo viera comiéndose un c4dáver frente a Muso.

El viejo reveló que era un Jikininki. Después de vivir una vida egoísta como sacerdote, preocupándose solo por la comida y la ropa que podía pagar con su profesión, una vez que murió, se despertó como Jikininki, destinado a alimentarse cadáveres. Le rogó a Muso que realizara una ceremonia Segaki para poder terminar su existencia como un horrible Jikininki.

Cuando Muso terminó de orar, el viejo sacerdote y el lugar desaparecieron, dejando a Muso arrodillado en la hierba y frente a lo que parecía la tumba del sacerdote.

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