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Máscara de regaño: la cruel técnica que usaban para castigar chismosas en la Edad Media

marzo 15, 2022

En la actualidad es cada vez más normal hablar sobre los chismes de los vecinos, de amigos, conocidos o de famosos, incluso existen programas de televisión que abordan estos temas y las personas se llegan a beneficiar de ello. Sin embargo, en la antigüedad no era así, en el momento en que algún rumor salía de la boca de una persona (generalmente mujer) era prácticamente su declaración de culpabilidad.

Por más que sea un pasatiempo o una actividad “inocente” en aquel entonces no lo consideraban así y ser alguien chismoso era castigado, por lo menos durante la Edad Media.

Las principales víctimas de estos brutales castigos eran las mujeres, quienes no tenían derechos individuales y estaban sujetas a la voluntad de sus esposos. Si sus padres o pareja se enteraban que de su boca salía algún rumor o chisme eran cruelmente castigadas.

La brida o máscara de regaño era la técnica más utilizada, básicamente eran un artículo de t0rtura que impedía que las mujeres hablaran. Estaba hecha de hierro y parecía a una máscara con una boquilla que apretaba la lengua; en casos extremos les ponían espinas para que las mujeres que quisieran hablar sintieran mucho dolor.

Originalmente era un instrumento con el que se castigaba algunas infracciones menores, a las “brujas” o para silenciar a una mujer. Se trataba de un artilugio antiguamente utilizado en gran parte de Inglaterra y Escocia para el castigo de las llamadas “mujeres regañonas o chismosas”.

No contentos con su “sanción” los hombres ataban la máscara con una especie de collar y obligaban a sus esposas a pasear por las calles para que el pueblo viera su castigo.

Este tipo de ideas relacionadas a causar castigos físicos no es nada nuevo al hablar de la Edad Media y la enorme influencia de la iglesia Católica, quienes se encargaron por mucho tiempo de predicar que tenían que liberar al cuerpo humano de sus pecados. Durante ese tiempo el uso de la máscara no era legal pero las instituciones o los hombres de buena posición sí lo utilizaban.

No hay número estimado de la cantidad de mujeres que fueron castigadas, humilladas y atormentadas por esta práctica​ pero fueron miles de víctimas. Por fortuna, la máscara de regaño cayó en el desuso con el paso de los años y solo quedó en un horrible recuerdo.

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