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Pompeya: el día que las personas se convirtieron en piedra

marzo 16, 2022

En la bahía de Nápoles es una región agrícola y portuaria, y hace algunos ayeres se encontraba la antigua ciudad de Pompeya, a tan solo 240 kilómetros de Roma, la capital del mundo occidental en aquella época. Con 20,000 habitantes, Pompeya sirvió como destino turístico donde los romanos tomaban sus vacaciones y sus baños públicos fueron la sensación en todo el Imperio.

Sin embargo la mañana del 24 de agosto del año 79 D.C empezó lo que sería el último día de la ciudad como la conocían.

Los comercios abrieron temprano, y sin mucha gente en la calle, a las 8 de la mañana la ciudad tembló.  Los ciudadanos pasaron por alto la situación ya que se había vuelto algo común.  Estos sucesos serian fundamentales para lo que pasó a continuación.

SCALA, FIRENZE

Poco después de las 10 de la mañana, un estruendo ensordecedor resonó en la llanura, seguido de un fuerte temblor y una lluvia de rocas volcánicas.

En cuestión de minutos el cielo se oscureció, el día se volvió noche y el humo negro del Monte Vesubio bloqueó por completo la luz del sol. Los habitantes sobresaltados por el ruido e impresionados por la gran cantidad de humo negro salieron de sus casas. Hasta ese momento, ellos habían pensado que era una montaña más.

El Vesubio lanzó toneladas de rocas al aire que alcanzaron fácilmente los 10 kilómetros de altura. Estas rocas comenzaron a caer en todas direcciones destruyendo esta hermosa ciudad.

Nadie sabía lo que pasaba, miles de personas corrieron sin rumbo, marcando su camino en la ceniza blanda y el lodo volcánico. La desesperación humana quedaría marcada durante casi 2 milenios.   

Las personas que corrieron hacia el norte tuvieron la suerte de escoger un camino seguro para salvar sus vida, los que eligieron el este fue un viaje sin retorno. Los que se quedaron en casa rezando no tuvieron la menor posibilidad de escapar.

A medida de que caía la ceniza, era más difícil respirar. Las personas inhalaron una mezcla de dióxido de carbono caliente, sulfuro de hidrogeno, cloruro de hidrógeno y dióxido de azufre que les quemó los pulmones.

Los edificios se derrumbaron, una corriente piroclástica de gas venenosos  sobrecalentado y roca pulverizada rodó por la ladera de la montaña a unas 100 millas por hora, engullendo todo a su paso. La exposición al calor de hasta 900 grados fue suficiente para causar la muerte casi instantánea de las personas cercanas al volcán, haciendo que su sangre hirviera y sus cráneos explotaran.

En las  zonas que estaban más alejadas, en el centro de Pompeya y hasta a 10 kilómetros del Vesubio, la temperatura del aire alcanzaba unos abrasadores 250 grados.

Para empeorar las cosas, la erupción provocó un tsunami en la bahía de Nápoles. Olas de hasta 8 metros inutilizaron el puerto de Pompeya. Los que sobrevivieron y trataron de huir a través del mar fracasaron.

La erupción llegó a su fin la mañana siguiente. Pompeya había quedado enterrada bajo millones de toneladas de ceniza volcánica:  Fueron 18 horas de infierno.

En total, unos 16.000 ciudadanos de Pompeya y la cercana Herculano perdieron la vida. Algunas personas regresaron a la ciudad en busca de familiares o pertenencias perdidas, pero no había mucho que encontrar

Pompeya quedó enterrada en el olvido y permaneció prácticamente intacta hasta 1748, cuando un grupo de exploradores comenzó a cavar.

Foto: National Geographic

Descubrieron que la ceniza había actuado como un conservador maravilloso: debajo de todo ese polvo, Pompeya era casi exactamente como había sido durante casi dos mil años antes. Las ruinas estaban intactas. Los esqueletos, petrificados por la ceniza volcánica, yacían justo donde habían caído. Los objetos cotidianos y los enseres domésticos seguían esparcidos por las calles.

Desde entonces, se ha desenterrado Pompeya, junto con un puñado de descubrimientos que han ayudado a revelar cómo ocurrió ese desastre.

Aparentemente la erupción del Vesubio fue producto de un poderoso terremoto que sucedió 17 años antes y otro sismo menor  en el año 64 D.C. De igual manera la ciudad ya estaba acostumbrada a pequeños temblores, por lo que nadie lo relacionó a un futuro desastre.

A la sombra del mismísimo Vesubio, las ruinas de Pompeya están abiertas a turistas de todo el mundo. Los visitantes pueden pasear por las calles romanas y ver casas antiguas, mercados de pescado, templos, teatros e incluso burdeles, pero no se ha desenterrado toda la ciudad, y los proyectos de investigación aún están en curso para conocer la historia completa de la ciudad.

Hoy, el Monte Vesubio es el único volcán activo en Europa continental. Su última erupción fue en 1944 y su última gran explosión fue en 1631. Se espera otra erupción en un futuro próximo, que podría ser devastador para las 700.000 personas que viven en las “zonas de riesgo” alrededor del Vesubio.

Pero, afortunadamente, hoy sabemos mucho más que los antiguos romanos. Y los signos de una gran erupción se interpretarán mucho mejor que hace casi 2,000 años, lo que permitirá que ciudades como Nápoles sean evacuadas a tiempo.

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