
Cuando pensamos en energía nuclear, reactores y cualquier cosa que tenga que ver con la energía, pensamos en ciencia y en la intervención del hombre. Pero por increíble que parezca, es posible que esto se de manera natural.
Hace 50 años un químico nuclear, Paul Kazuo, encontró en la región de Oklo, África, un reactor totalmente natural que está formado por 16 sitios ricos en uranio, donde la actividad nuclear ha sido permanente durante miles de millones de años.

Se trata de un reactor nuclear fósil que quemó lentamente uranio durante más de 150 mil años. Se encuentra en las actuales minas Oklo de Gabón.
Paul Kazuo aventuró que se podrían producir reacciones nucleares en cadena en los depósitos naturales de uranio, generando calor como los reactores nucleares de las plantas energéticas.
Posteriormente en los años 70’s se descubrieron varios reactores naturales ya apagados dentro de las minas, pero los científicos no entendían como es que la reacción se había mantenido estable y sin explotar.
Alex Mishik y sus colegas de la Universidad de Washington descubrieron que este reactor tenía un ciclo de actividad de tres horas, apagándose y encendiéndose sucesivamente.

Gracias a distintas muestras que analizaron, vieron que las rocas tenían granos de óxido de uranio rodeado de fosfato de aluminio. Los cristales de fosfato contienen altos niveles de xenón, que sólo puede proceder de una reacción nuclear. Los masivos átomos de uranio se romperían en elementos más ligeros y en las desintegraciones se generarían xenón y otros elementos, explica Adrian Cho en Physical Review Focus.
Las concentraciones relativas de seis isótopos de xenón en las muestras del reactor nuclear fósil son la huella de los pulsos, puesto que serían diferentes de las producidas en una reacción en cadena continua. Las medidas exactas realizadas por estos investigadores indican que el reactor funcionaba durante media hora y luego se mantenía apagado durante dos horas y media. Sería el agua, seguramente aportada por un géiser, la que controlaría la reacción nuclear, actuando como moderador del reactor, sugieren Meshik y sus colegas.